Cuando la Mente se Protege… Pero También se Encierra
Hay momentos en la vida en los que simplemente no queremos ver lo que está frente a nosotros. Puede ser una pérdida, una enfermedad, una ruptura, un error o una verdad incómoda. En psicología, a este mecanismo lo llamamos negación, y aunque suene negativo (valga la ironía), en realidad no siempre es algo malo.
¿Qué es la negación?
La negación es un mecanismo de defensa psicológico que utilizamos, muchas veces sin darnos cuenta, para evitar el dolor emocional o el impacto de una realidad difícil de aceptar. En palabras simples: la mente nos dice “esto no está pasando”, para darnos tiempo a procesarlo.
Por ejemplo:
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Una persona que acaba de recibir un diagnóstico médico grave y sigue actuando como si nada.
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Alguien que termina una relación, pero continúa comportándose como si todo siguiera igual.
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O quienes niegan estar tristes, enojados o frustrados, porque creen que “no deberían sentirse así”.
Lo bueno de la negación
En ese sentido, la negación ayuda a la estabilidad emocional en los primeros momentos de una crisis. No todos tenemos la misma capacidad para enfrentar el dolor, y negar un hecho difícil puede ser el primer paso —aunque inconsciente— hacia la aceptación posterior.
Lo malo de la negación
Ejemplos:
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Quien niega un problema de adicción, y por eso no busca ayuda.
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Quien se niega a aceptar el fin de una relación, y se queda atrapado en el pasado.
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O quien evita reconocer su tristeza o enojo, hasta que el cuerpo empieza a “hablar” con síntomas físicos.
A largo plazo, la negación nos desconecta de nosotros mismos, y puede generar ansiedad, estrés o una sensación constante de vacío o confusión.
Cómo empezar a salir de la negación
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Reconoce tus emociones. No hay sentimientos buenos o malos; todos son válidos y necesarios.
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Habla de lo que te duele. A veces, poner en palabras lo que negamos abre la puerta a la comprensión.
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Observa tus resistencias. Si algo te molesta, te duele o te da miedo aceptar, probablemente ahí hay algo que trabajar.
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Busca apoyo. Un psicólogo o terapeuta puede acompañarte a mirar de frente esa realidad que cuesta ver, pero que también te hará más libre.

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