Cómo se forman nuestros vínculos emocionales
Todos necesitamos sentirnos queridos, seguros y comprendidos. Desde que nacemos, buscamos el contacto, la mirada, la voz y el afecto de quienes nos cuidan. A eso lo llamamos apego, y aunque parezca un concepto simple, en realidad marca profundamente la forma en que nos relacionamos durante toda la vida.
Como psicólogo, he visto que entender el apego es entender una parte esencial de nuestra historia emocional: explica por qué amamos como amamos, por qué tememos perder a los demás o por qué nos cuesta confiar.
¿Qué es el apego?
John Bowlby, uno de los pioneros en el estudio del apego, demostró que la calidad de los lazos tempranos influye directamente en el desarrollo emocional, social y psicológico de las personas.
Los tipos de apego
Con el tiempo, la psicología ha identificado cuatro tipos principales de apego que se originan en la infancia, pero se reflejan también en la vida adulta, especialmente en las relaciones de pareja y amistad.
1. Apego seguro
Son personas que aman sin perderse a sí mismas.
2. Apego ansioso o ambivalente
Su pensamiento inconsciente suele ser: “¿Me querrán de verdad o me dejarán?”.
3. Apego evitativo
Su lema es: “Mejor no sentir, así no sufro”.
4. Apego desorganizado o temeroso
Su frase interna es: “Quiero acercarme, pero me da miedo que me hagan daño”.
¿Podemos cambiar nuestro estilo de apego?
El primer paso es reconocer nuestros patrones emocionales, entender de dónde vienen y aprender a relacionarnos desde la conciencia, no desde el miedo.
Sanar el apego es sanar nuestra forma de amar.
El apego define cómo amamos, cómo confiamos y cómo enfrentamos la soledad.
Conocer nuestros estilos de apego nos da poder: el poder de elegir relaciones más sanas, límites más claros y una vida emocional más equilibrada.
El amor sano no se trata de depender ni de huir, sino de construir desde la libertad y la confianza.
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