Escuchar más allá de oír
Escuchar no es simplemente esperar tu turno para hablar. La escucha activa significa estar presente, entender y conectar con la otra persona. En nuestra vida diaria, muchas conversaciones se pierden porque solo oímos las palabras, pero no sentimos ni comprendemos el mensaje completo.
Cuando practicamos la escucha activa, fortalecemos la confianza, mejoramos la comunicación y reducimos malentendidos. Además, nos permite ponernos en los zapatos del otro, algo fundamental para relaciones sanas y duraderas.
Señales de una buena escucha activa
Cuando escuchamos de manera efectiva:
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Hacemos contacto visual y mostramos interés con gestos o palabras.
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No interrumpimos, dejamos que la otra persona termine su idea.
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Repetimos o parafraseamos lo que entendimos para confirmar que comprendimos.
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Prestamos atención al tono de voz, gestos y emociones, no solo a las palabras.
Un paciente me comentó: “Cuando alguien realmente me escucha, siento que valgo y que lo que digo importa”. Y es que esa sensación fortalece la autoestima y el vínculo emocional.
Cómo la escucha activa transforma nuestras relaciones
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Familia: mejora la comunicación y reduce conflictos.
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Pareja: aumenta la intimidad y la confianza.
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Amistades: fortalece la empatía y la conexión.
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Trabajo: evita malentendidos y mejora la colaboración.
Cuando escuchamos activamente, damos a la otra persona el regalo más valioso: nuestra atención completa y sin juicios.
Ejercicios para practicar la escucha activa
Escuchar activamente no solo transforma las relaciones, sino también nuestra percepción del mundo. Nos hace más empáticos, pacientes y conscientes. Cada conversación puede ser una oportunidad para conectar de verdad, si estamos dispuestos a escuchar con el corazón y no solo con los oídos.
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