Amar sin culpa
A veces escuchamos frases como “Ámate a ti mismo”, pero muchas personas confunden el amor propio con el egoísmo. Entonces surge la duda: ¿cuidarme a mí mismo me hace egoísta? La respuesta corta es: no necesariamente.
El amor propio es el acto de reconocerte, valorarte y respetar tus necesidades, mientras que el egoísmo es poner siempre tus intereses por encima de los demás, sin considerar sus sentimientos ni límites.
Señales de amor propio saludable
Cuando practicas amor propio:
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Dices “no” cuando algo va en contra de tu bienestar.
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Te cuidas física y emocionalmente sin sentir culpa.
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Aceptas tus errores y aprendes de ellos.
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Buscas relaciones y ambientes que te nutran, no que te desgasten.
La clave está en equilibrar tus necesidades con las de quienes te rodean. Amar a otros empieza por amarte a ti mismo; si no lo haces, la relación con los demás puede volverse codependiente o resentida.
Cómo diferenciarlo del egoísmo
El egoísmo se manifiesta cuando:
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Ignoras los sentimientos o necesidades de otros.
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Todo gira en torno a ti, incluso en momentos críticos.
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Tus decisiones lastiman a otros sin consideración.
Un buen ejercicio es preguntarte: “¿Mi decisión me beneficia a mí y también respeta a los demás?”. Si la respuesta es sí, estás practicando amor propio; si no, puede ser egoísmo.
Ejercicios para cultivar el amor propio
Amar es también dejar espacio
El amor propio no es aislarnos ni despreciar a los demás; es ponerte en equilibrio para poder dar y recibir desde un lugar sano. Cuando aprendes a valorarte sin pisar a otros, la vida y las relaciones cambian: te sientes más pleno, más seguro y más capaz de amar de verdad.
Amar a los demás empieza por amarte a ti mismo, y eso nunca es egoísmo, es supervivencia emocional y bienestar.
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