El Favorito.

 

Cuando hay un “favorito” en la familia: el impacto de la preferencia por un hijo

Aunque pocos padres lo admiten en voz alta, la realidad es que muchas veces, sin querer, se muestra preferencia por uno de los hijos. Y sí, puede pasar por mil razones: afinidad de personalidad, temperamento más fácil de manejar, situaciones especiales de salud o simplemente por la etapa de vida en que llega ese hijo. Pero ojo: aunque es humano tener más afinidad con uno que con otro, mostrarlo constantemente puede dejar cicatrices emocionales profundas.

¿Por qué duele tanto la preferencia?

Porque todos queremos sentirnos vistos, amados y validados por quienes nos trajeron al mundo. Cuando un niño percibe (o vive) que su hermano es “el favorito”, puede empezar a desarrollar sentimientos como celos, inseguridad, baja autoestima o incluso resentimiento hacia sus padres o su hermano.

Y del otro lado, el hijo “preferido” también carga lo suyo: puede sentir presión por mantenerse a la altura, culpa por ser tratado diferente o incluso rechazo de sus hermanos. En resumen, no es fácil para ninguno.

Frases que duelen más de lo que parecen

  • “Tú siempre haces enojar a tu mamá, no como tu hermana.”

  • “Mira cómo tu hermano sí se esfuerza.”

  • “A ti todo te cuesta, no eres como tu hermana que es tan tranquila.”

Este tipo de comparaciones no solo afectan la relación con los padres, sino también entre hermanos. Se empieza a construir una competencia emocional que puede durar toda la vida si no se atiende.

¿Y qué puedo hacer si crecí sintiéndome “el menos querido”?

  1. Reconoce tu historia emocional sin culparte por sentir: Está bien sentir tristeza, enojo o vacío por eso. Es una herida válida.

  2. Cuestiona las etiquetas que te marcaron: Tal vez creciste creyendo que eras “el problema” o “el difícil”, cuando en realidad solo necesitabas ser comprendido.

  3. Trabaja en tu autoestima desde el adulto que eres hoy: No necesitas seguir buscando esa validación que no llegó en la infancia. Hoy puedes dártela tú.

  4. Habla si lo sientes necesario, pero sin expectativas fijas: A veces compartir cómo te sentiste puede abrir espacios de entendimiento. Pero también puede que el otro no lo vea igual. Si decides hablarlo, hazlo por ti.

  5. Busca acompañamiento terapéutico: Sanar estas heridas lleva tiempo y puede ser muy liberador hacerlo con ayuda.

¿Y si soy mamá o papá y me doy cuenta de que tengo una preferencia?

Primero que nada: no te culpes, pero sí hazte cargo. El amor de los padres es enorme, pero también puede tener puntos ciegos. Lo importante es estar atentos a cómo se sienten nuestros hijos, más allá de nuestras intenciones.

Algunos consejos:

  • Observa tus palabras y gestos diarios: a veces con un simple “¡muy bien!” a uno y silencio para el otro, ya estamos marcando diferencia.

  • Asegúrate de pasar tiempo individual con cada hijo: conectar con cada uno según su forma de ser, sin comparaciones.

  • Escucha: valida cómo se sienten. A veces con solo decir “entiendo que te hayas sentido así” ya estás ayudando a sanar.

  • Repara si es necesario: nunca es tarde para pedir perdón y empezar de nuevo.

La preferencia por un hijo puede parecer algo pequeño, pero tiene un impacto enorme. A veces se manifiesta en miradas, en elogios desbalanceados o en expectativas desiguales. Pero también se puede trabajar, sanar y transformar.

En la familia no se trata de querer a todos igual, sino de querer a cada uno como lo necesita. Y eso, aunque suena simple, es un acto profundo de amor y consciencia.

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